Old Man’s Journey nos propone embarcarnos en un viaje por los recuerdos de toda una vida. Para ello, recurre a una puesta en escena similar a los teatros de títeres y los libros troquelados: cada pantalla se compone de numerosos planos 2D a alturas desiguales, que deben nivelarse –con el cursor, al clásico estilo Point & Click, e incluso a través de control táctil en Switch- para que elOld Man’s Journey nos propone embarcarnos en un viaje por los recuerdos de toda una vida. Para ello, recurre a una puesta en escena similar a los teatros de títeres y los libros troquelados: cada pantalla se compone de numerosos planos 2D a alturas desiguales, que deben nivelarse –con el cursor, al clásico estilo Point & Click, e incluso a través de control táctil en Switch- para que el protagonista sea capaz de cruzar.
La mecánica se irá complicando sutilmente, al introducir obstáculos que impiden avanzar o barreras que se destruirán, combinando elementos del escenario. El ensayo-error es, de esta forma, la rutina de un juego nada complicado y que puede superarse en menos de dos horas.
Aunque las principales bazas de Old Man’s Journey sean su parcela artística y la ligereza de sus puzles –idóneos para un paréntesis entre juegos más densos-, el componente emocional también brilla con luz propia.
En palabras de sus creadores, su propósito era entregar una meditación sobre la vida y las determinaciones que se toman, para concluir que siempre hay que esperar segundas oportunidades.
No desvelaremos más de la cuenta en esta reseña, pero la fuerza de su mensaje es, con toda certeza, el mayor acierto del juego; las etapas, momentos y decisiones que componen la vida del anciano son de carácter universal, lo que facilita que nos identifiquemos con el relato.
Porque, a fin de cuentas, todos tomamos caminos acertados, nos equivocamos, ayudamos y/o somos ayudados. Y Old Man’s Journey nos recuerda que, en el viaje de cada uno, siempre hay que dejar sitio en la mochila para la esperanza.… Expand